Música sugerida para acompañar esta lectura.
Buenas tardes, queridos amigos. Pasen y pónganse cómodos. Hoy traje para meditar un tema que me habita: La paz de las cenizas.
¿No les pasa que, muchas veces y por diferentes motivos, se encuentran en una oscuridad total al no saber cómo resolver un conflicto? Un ejemplo es cuando un hijo atraviesa un dolor: no podemos actuar, solo podemos poner el oído, y con una mano en el pecho, ensayar un consejo y rezar mucho.
Otro ejemplo es el fin de una relación, estrepitosamente vigente en estos días: los matrimonios y/o parejas sienten que no queda nada, solo cenizas... ¿pero realmente son solo cenizas? Entre ellas, a veces, aún quedan chispas. y un hogar cuesta construir; para dar ese paso, ese derrumbe es necesario un profundo discernimiento ¿no?
En toda crisis se nos presentan dos cuadros:
La sensación de oscuridad total, sin salida aparente.
Estar en medio de llamas, extinguiéndonos bajo la angustia de no tener la solución.
Hoy me detengo en el fuego y dejo el "cuarto oscuro" para otro día. Al pensar en esto, irremediablemente, recordé al Ave Fénix. Aunque es una leyenda, su simbolismo es bellísimo: representa la resurrección, la capacidad de resurgir y la transformación.
Cuenta la leyenda que el Ave Fénix vivía en un nido que ardía hasta consumirse en cenizas, y de ellas surgía un ave joven, viva y fuerte. Incluso el cristianismo antiguo lo tomó como signo de resurrección, semejándolo a Jesucristo. En algunos textos bíblicos aparece el término hebreo chol, que guarda una ambigüedad lingüística que a veces se confunde con la palabra "cenizas". Más allá de la historia, el Fénix representa el poder de renacer.
Sin embargo, te cuento que a lo largo de mi vida he descendido a esos fuegos. Intentaron consumirme, me convirtieron en ceniza, y muchos me alentaban con esa leyenda del ave que renacía del fuego. Pero yo lo descubrí de otra forma: hallé entre mis cenizas siempre una brasita encendida: la fe.
Amigo, contra la fe no hay fuego que aguante, porque tiene la suavidad, la transparencia y el inaudible murmullo del agua que hace retroceder a cualquier incendio. Comprendí que, a veces, todo ese tormento debe derrumbarse para poder resurgir y dejar de mirar atrás.
¿Cómo reconozco el renacer? Se siente como una paz inexplicable. No invade, no altera, no nos desborda; solo te devuelve tu identidad, tu capacidad creativa y tus ganas de luchar contra viento y marea. Pero no luchar con armas, sino con confianza, con fe y en paz.
Para cerrar, y con mi café en la mano, te pregunto: ¿Estás atravesando llamas? ¿Te sentís caído, desposeído, marginado o derrotado?
La moraleja que nos deja el Ave Fénix la encontré en una frase de autor desconocido: "Ninguna caída o derrota es definitiva".
Te invito a que ya no te consumas en el dolor. Remontá tu propio vuelo con fe; tenemos esa gran arma para nuestro camino, ¿no?
¡Hasta la próxima!

Que hermosa reflexión. Gracias por traer a mi memoria que la fe es lo que nos ayuda a sobrellevar los momentos más difíciles de la vida.
ResponderBorrarGracias Silvia, respondo tarde pero seguro, me emociona que me leas y que coincidas con el mensaje, te agradezco mucho.
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