Este será el primer artículo dedicado al Año Franciscano, pero antes, déjenme explicarles brevemente qué estamos celebrando. Como este año 2026 se cumplen exactamente los 800 años del Tránsito (muerte) de San Francisco, el Papa ha declarado un Año Jubilar Franciscano especial.
La Iglesia ha dividido este Centenario (2023-2026) para que cada año celebremos un regalo diferente de Francisco al mundo
2023: Los 800 años del Pesebre de Greccio (la Navidad) y la Regla.
2024: Los 800 años de los Estigmas en el monte Alverna.
2025: Los 800 años del Cántico de las Criaturas (el himno a la naturaleza).
2026 (Este año): Los 800 años de su Pascua. Celebramos que la muerte no es el fin, sino el encuentro final con la Vida.
Dicho esto, quiero dedicarme a uno de los temas que personalmente más me impacta: ¿Qué entendía el santo por "Perfecta Alegría"?
Para Francisco, la alegría no era la ausencia de problemas. Él compuso sus obras más bellas cuando estaba más enfermo y casi ciego. En 1225, compuso el Cántico de las Criaturas. Es fascinante pensar que escribió "Alabado seas, mi Señor, por todas tus criaturas" cuando más sufría físicamente. Esa es la verdadera alegría franciscana: una luz que nace desde adentro.
Él no le tenía miedo a la muerte; la llamaba "Hermana Muerte". Para un camino de sanación, este es un mensaje potente: ver el final de la vida no con terror, sino con la alegría de quien vuelve a casa.
Les quiero dejar su propio espíritu . Un día, Francisco ya no veía y no podía escribir, entonces llamó al hermano León y le pidió que escriba lo que él le dictaría y he aquí la hermosura que nos dejó, así habló:
***
"...Escribe, cuál es la verdadera alegría.
Llega un mensajero y dice que todos los maestros de París han venido a la Orden.
Escribe: "No es verdadera alegría."
Y también han venido a la Orden todos los prelados ultramontanos,<arzobispos y obispos; que también el Rey de Francia y el Rey de Inglaterra.
Escribe: "No es verdadera alegría"
Igualmente, que mis hermanos han ido a los infieles y han convertido a todos ellos a la fe, además, que he recibido yo de Dios una gracia tan grande, que curo enfermos y hago muchos milagros.
Te digo que en todas estas cosas no está la verdadera alegría.
Pues, ¿Cuál es la verdadera alegría?
Vuelvo de Perusa y, ya de noche avanzada, llego aquí; es tiempo de invierno, todo está embarrado y el frío es tan grande, que en los bordes de la túnica se forman carámbanos de agua fría congelada, que hacen heridas en las piernas, que hacen brotar sangre de las mismas.
Y todo embarrado, helado y aterido, me llego a la puerta; y, después de estar un buen rato tocando y llamando, acude el hermano y pregunta:
—¿Quién es?
Yo respondo:
—El hermano Francisco.
Y él dice:
—Largo de aquí. No es hora decente para andar de camino. Aquí no entras.
Y, al insistir yo de nuevo, contesta:
—Largo de aquí. Tú eres un simple y un paleto. Ya no vas a venir con nosotros. Nosotros somos tantos y tales, que no te necesitamos.
Y yo vuelvo a la puerta y digo:
—Por amor de Dios, acogedme por esta noche.
Y él responde:
—No me da la gana, vete al lugar de los crucíferos y pide allí.
Te digo: si he tenido paciencia y no he perdido la calma, en esto está la verdadera alegría, y también la verdadera virtud y bien del alma."




