martes, 30 de diciembre de 2025

LOS FRUTOS DE LOS "TALLERES FRATERNOS"

 



Bienvenidos a este espacio! 

Hoy no les escribo para contarles una historia de ficción, sino para Compartirles la historia de mi propio año. Un año que ha sido de mucha siembra y, gracias a Dios, de hermosos frutos.

📚 El arte de aprender y mejorar

Este año me dediqué a perfeccionar mi oficio. He realizado diversos talleres de formación que me han permitido cumplir con mi vocación de invitar a que juntos,  profundizar en la palabra de Dios .Y como ya saben escribo libros con el mismo espíritu así, en cuentos, relatos y novelas comparto  mis historias .   Hoy celebro con alegría que mis libros en Amazon lucen portadas , elegidas con el corazón, para que cada lector reciba lo mejor de mí desde el primer contacto.

💻 Un puente entre nosotros: Este Blog

La creación de este blog ha sido otro gran paso. Quería un rincón donde pudiéramos encontrarnos, donde mis libros estuvieran al alcance de un clic y donde pudiera ofrecerles contenido que sume luz a sus vidas. Verlo hoy convertido en una realidad es una bendición.

🙏 El motor de todo: Mi Grupo de Oración

Pero, por encima de los logros literarios, hay algo que hace latir mi corazón con más fuerza: la creación de nuestro Grupo de Oración.

Entendí que las palabras no solo se escriben, también se elevan al cielo. En este grupo nos unimos con una misión clara: orar por el mundo entero. Nuestras intenciones no tienen fronteras, pedimos por:

  • La paz universal y los países en conflicto.

  • Los refugiados y las familias que sufren.

  • La salud de los enfermos y la dignidad del trabajo.

  • El consuelo de las almas del purgatorio.

Un horizonte lleno de luz

Cierro este ciclo agradecida por su compañía y recuerden que cada libro que adquieren en Amazon no es solo una historia, es el resultado de este camino de formación y fe que hoy les comparto.

¡Gracias por ser parte de mi caravana de la fe! Que el nuevo año nos encuentre más unidos y bendecidos que nunca.

Con cariño, Anita

domingo, 28 de diciembre de 2025

Los Viajes de Renata





La noche fue mi anfitriona

Habíamos dejado atrás las fiestas de fin de año y sentía que no estaba en mis mejores momentos, discutía,  sentía desasosiego y  había perdido la capacidad de asombro.  Me habían abandonado: la paciencia, la empatía y lo más peligroso había perdido la alegría. 

Cada día me costaba más cumplir las rutinas diarias, como  atender a mis padres ancianos y cumplir con mi profesión.    Ni siquiera pudo ayudar la terapia o  no quise colaborar, que   es lo que generalmente pasa. La pendiente se me acercaba sin que yo lo evitara . No me conocía y por temor de llegar a  herir a mis seres queridos tomé una decisión, emprendería un viaje  sin vencimiento para encontrarme, sí, eso haría : buscarme.. Tan segura estaba que de alguna manera Dios iba a rescatar a su oveja perdida. porque así me sentía: perdida.

Elegí como primer destino un complejo franciscano situado en las sierras en medio de la nada. Cuando llegué,  cumplí con los trámites de registro y  me adjudicaron un cuarto  en el primer piso. Allí tenía una vista panorámica única; miré mi reloj y estábamos en el atardecer. Dejé todo como estaba y desde mi ventana pude apreciar el extenso jardín rodeado de sierras que parecía llamarme, no lo pensé  y corrí a su encuentro

Sentada en el césped de ese  jardín serrano, esperé a que anocheciera. No estaba sola; las sierras, el silencio y el cielo me acompañaban y una soledad abismal, nos envolvía. Oscureció de manera tal que  hasta la luna estaba ausente. Esperaba… no sé qué, alguna señal, algo tenía inquieto a mi espíritu y yo no intervenía. Había huido de mí para poder encontrarme.

El cielo palpitaba  bordado divinamente con una muchedumbre de lentejuelas plateadas . Miles de ellas parecían haberse desprendido de aquel azul intenso   y me rodeaban. De la nada, apareció una lechucita. Estaba tan alta que parecía un habitante del cielo. Bailaba entre las estrellas una danza lenta, con círculos, picadas y elevaciones. Quedé anonadada, me desprendí de mí y encontré otra parte de mí. Esa fue la primera noche de mi largo viaje.

Antes de que amaneciera, me levanté del piso del infinito jardín y caminé entre las miles de luciérnagas que me habían acompañado. Les sonreí y ellas me abrieron el  paso. Para llegar al albergue, debía caminar junto al río montañoso que lo rodeaba. Lo admiré, me agaché, toqué sus aguas y no pude con mi genio.

—Hola, señor murmurador.

—Ja,ja,ja, al fin nos encontramos. Contame, pero adivino a quién andás buscando.

—Ya sé que ustedes saben más que yo, ya lo sé, hermanito. Pero quiero hacerte una pregunta.

—Ni lo menciones, te ahorro el trabajo. ¿Me preguntás quién es Dios?

—Exacto, hermano. Vengo de muy lejos buscándolo porque me perdí en los laberintos de la vida y solo sé que al encontrarlo, al fin me encontraré. Pero verás que tampoco tenés  la respuesta, no te ofendas.

—Bueno, ejem... ejem... ¿Tenés para anotar?

—¿Hace falta?

—Convengamos que no.

—¿Entonces?

—Me has subestimado, Renata.

—No fue mi intención, créeme. Pero, ¿acaso alguien puede darme esa respuesta, hermano río?

—Muy bien, vos anotá, ahí va: cuando entres a tu cuarto, cierra la puerta, quédate en silencio y escucha. Y… hasta aquí mi explicación.

—¿Y? —en el río parecieron dibujarse dos transparentes y grandes ojos que hablaban por sí. y me miraban y lo sentía parte de mí, es decir me sentí parte de todo y antes que siguiera con mi anonadamiento escuché.

Sigue esa voz —solo contestó. 

El río siguió su curso  emitiendo su suave murmullo y su melodía era parte de aquel cuadro que tenía frente a mí donde parecía que el tiempo desaparecía y solo vibraba la vida. Feliz y ansiosa  fui hacia mi cuarto.

Cuando llegué fui directo a la ventana que daba al jardín. Desde allí, veía y oía perfectamente al río y mi piel sentía  su fresca caricia. Sonreí y lo saludé desde la ventana.

Decidida a seguir su consejo,  me acomodé en un sillón para empezar mi diálogo con Dios. Tomé mi Biblia y mi rosario, pero al rato comprendí que conversar con Dios es otra cosa. Dejé todo y traté de normalizar mi inquieta respiración. Noté una sonrisa en mi rostro, estaba expectante y quedé en extrema atención. ¿Qué me diría Dios? ¿Vería que, al buscarlo, yo me estaba buscando a mí misma? ¿Y por qué sentía la seguridad de que al encontrarme con Dios, me volvería a encontrar?

Mi reflexión era tan profunda que parecía como  que alguien me estaba interpelando. Me asusté, porque sentí el lazo que me unía a algo inmenso.  En esa compañía mi físico se sintió rígido. Fue una presencia que en  un instante, me aplastó sin tocarme y  dejé de sentir el peso de mi cuerpo. Me volví a acomodar y de golpe, sentí como que había perdido el contacto con la ley de gravedad, o había entregado mi cuerpo a la ley de gravedad, tal  era mi confusión. Por las dudas, miré hacia abajo, pero  mis pies estaban firmes. Sonreí, me tranquilicé, y al fin empecé a orar.

“Padre, no me encuentro más, me siento extraña dentro de mí …muy dispersa; no encuentro Tu camino, ni siento Tu amor aunque, sin embargo, sé muy bien que me amas, de eso no tengo dudas, por eso te busco y lo he dejado todo hasta encontrarte,   Padre mío ¿En qué momento me perdí? ¿En qué momento mi alma escapó y no la encuentro? ¿Cómo es tu amor por mí, Padre? No quiero amarte obligatoriamente, quisiera llegar a Ti enamorada, no quiero la vulgaridad de amarte solo con los labios., me resisto a ello. Quizás por eso huí de mí. No quiero eso, Señor. Al amarte, quiero hacerlo con mi cuerpo, mi alma y mi espíritu, solamente  así me encontraré, no quiero otra versión mía, quiero que mi alma arda de amor por Ti sólo  entonces sabré quién soy y seré libre”.

De pronto y sin mi intervención  esa  paz y alegría que sentí al entrar en el cuarto se tornaron en tristeza y lágrimas.

Así, en silencio y soledad, cerré la ventana porque el frío ya lo sentía en mis brazos, así que me dirigí a buscar un abrigo al ropero. Al abrirlo, cayó una pila de cartones que me hizo ir ligeramente hacia  atrás. Agarré esos pedazos y su olor me hablaba del tiempo que habían permanecido allí.  Al tocarlos sentí cierta tibieza y al tratar de acomodarlos, descubrí que eran los restos de una enorme caja.

Ese episodio me llevó a un recuerdo que atesoro en mi corazón. Recordé un día en el desayunador del templo que atendemos los terciarios franciscanos, en la iglesia Nueva Pompeya. Con ellos en mis manos, sin evitar una sonrisa que reemplazó las lágrimas, o mejor dicho lágrimas y sonrisas juntas ,en suma paz   me senté a recordar aquel día.

“—A ver, ¿alguien quiere repetir? No tengan vergüenza. Miren que ahora ya me siento y desayuno con ustedes. Cuéntenme, ¿Qué es Dios para ustedes? ¿Quién quiere hablar primero?

Un silencio general cubrió el lugar. Miré a un chiquito de catorce años que recién llegaba, encorvado, descalzo y parecía llevar en su espalda el peso de su cruz. Se cubría del frío con grandes cartones. Rápidamente le conseguimos ropa abrigada del templo y le serví el desayuno. El jovencito no era de raza negra, pero su piel era de color carbón por los meses que hacía   que  no se higienizaba.

Para salir del incómodo silencio le pregunté:

—Hola, contame, chiquito, ¿Qué pensás de Dios?

Me miró, pero rápido esquivó la mirada para seguir comiendo. Sus ojos estaban fijos en los pastelitos, así que le pregunté:

—Contame y sentite cómodo. Mirá, te cuento algo —le dije, tomando un pastelito que empecé a comer  y me senté a su lado—. Esta parte de la reunión es lo que más me gusta —me miró y comía ya con más confianza.

—¿Sabés por qué? Porque ustedes me dan clases magistrales. Así que, mientras desayunamos, contame ese tesoro que tenés en el corazón, hermano, que estoy ansiosa por escucharte.

Creo que lo incomodé—. Por favor, no te sientas obligado, solo charlemos un rato.

Comió con todos un poco más confiado, se atrevió y dijo casi balbuceando mientras acomodaba el último pedacito de pastelito que conservaba en sus manos como el mayor tesoro, dijo:

—Me asusta, doña —seguía mirando su pastelito, pero había quedado pensando  o sintiendo en su espíritu el fuego del amor  divino que lo estaba envolviendo.

—¿Quién te asusta? Explicame un poquito, así seguimos hablando, porque no entendí —mientras  seguimos comiendo los dos.

—Sí, doña, me asusta cuando lo miro.

—¿A quién? — —A Jesús. —me respondió. 

Noté que sus ojos, que minutos antes me miraban con desconfianza cambiaron al mirar al crucifijo. Lo miró de una manera que parecía comprender el sufrimiento de Jesús fue una mirada de hermano a hermano. En ese instante tan corto noté que miró al crucifijo de manera distinta que me miraba a mí.

—No entiendo, chiquito.

—Doña, me asusta …¿cómo va a morir así por amor a nosotros, está loco?

Nos quedamos los dos en silencio, y para que él no se sintiera incómodo ante mi sorpresa y creyese que había hablado mal o algo así, salí de mi silencio y le dije:

—¿Ves, hijo? Yo sabía que en tu corazón guardabas una perla preciosa, y hoy Dios me permitió encontrarla.

Me levanté, me temblaba todo, y lo abracé fuerte como para recibir su espíritu.

Un chiquito perdido por las drogas, durmiendo en la calle, descalzo y desnudo, sin embargo, sentía el tamaño del amor de Dios. ¡Y cómo lo sentiría, que llegaba a asustarlo! Recordé las escrituras y a Jonás, que escapó. ¿Acaso a este chico no le estaría pasando lo mismo? ¿Huiría  de semejante amor tan grande, tan loco? Mi mente seguía opinando sin ruido.

Quedé en silencio. El joven creo que se dio cuenta de mi emoción y esta vez me miró igual que miró al crucifijo. No sonrió, pero vi que sus ojos brillaban; lo tomé fuerte y le di un beso en la frente. Él tomó su último pastelito y me dijo:

—Doña, ¿puedo llevarme uno más?

—Sí, mi vida, esperá que te haga un paquetito. con varios.

Esperó, nos despedimos con un gran  abrazo, palmeé fuerte su espalda y se fue con otra mirada y  su espalda ya no la llevaba encorvada. Salió tan erguido como que un hilo invisible tiraba hacia arriba su coronilla.

Esa noche, a mí también me asustó la voz de Dios y la forma que tiene de respondernos. Me dormí en paz, porque en el laberinto en el que yo estaba había descubierto a través de ese recuerdo un nuevo camino  que me llevaría a descubrir ese amor volcánico de Dios. Un camino lleno de luces para seguir con mi búsqueda, quizás el mismo que descubrió el niño aquel. “Mañana continúo mi viaje” fue lo último que pensé y me dormí.




 


lunes, 8 de diciembre de 2025

REFLEXIÓN: LA LLAVE DE LA VIDA

 

I. El Miedo que Gritaba en Nazaret

En cada Adviento todo se detiene para mí. No puedo evitar ignorar este suceso. Me sumerjo en la vida de José y María en aquellos días y me pongo en su piel.

Los gritos en Nazaret los escucha mi alma: "lapidación, lapidación". Sentían miedo. La condena que regía para los casos de adulterio era la lapidación, y el pueblo corría a asegurarse de tener suficientes piedras. Más allá de castigar, creían que con cada piedra purificaban la comunidad.

María estaba absorta en la Anunciación. José, un hombre justo según el Evangelio (lo que significaba llevar la ley judía casi a la perfección), ya la repudia

 sin odiarla. Sus padres no podían creer que María hubiera cometido algo tan condenable.

Pese a la soledad y la muerte inminente, la firmeza y la valentía de María se concentraban en su confianza en Dios. José, buscando salvarla de la muerte, decidió repudiarla en secreto.

II. El Viaje: La Fe como Única Arma

Una vez que José recibió en sueños la noticia del milagro, bendijeron esa situación y prepararon su viaje obligatorio a Belén por el censo.

María, embarazada y próxima a dar a luz, montada en un burrito; José, a pie. Se formaron las caravanas de entonces. ¿Cuánto tardaban? Con suerte, siete días. Debían recorrer entre 120 a 160 km.

La ruta estaba cuajada de peligros: salteadores, serpientes, chacales y otros animales. El frío era severo en las montañas y el calor en las llanuras. A esto se sumaba el terror de los controles romanos: burlescos, autoritarios y peligrosos. Además, ya se rumoreaba que el rey temía la aparición de otro rey.

Ellos iban con apenas lo necesario, poco dinero para los impuestos y sin armas. ¿Entonces, qué llevaban? Su confianza en Dios.

III. La Llave de la Vida para Nuestros Tesoros

Esto me parece impresionante, más en estos momentos que atraviesa el mundo. La mayoría de las personas se sienten omnipotentes e ignoran a Dios. Y lo que es peor: educan a sus hijos sin fe, con la idea de que respetan su derecho de elegir su credo al ser mayores.

¡Qué ironía! Les enseñan a caminar, a comer, los obligan a educarse, a practicar deportes... pero en cuanto a tener fe, no es "cuestión de los padres". Y largan a sus tesoros a caminar entre los peligros de la vida sin fe en nada.

¿Saben lo que es vivir en esa angustia y desesperación.? María y José atravesaron terribles peligros solo confiando en que no caminaban solos.

Entonces, mi pensamiento es este:

Educa a tus hijos en la fe en Dios (cualquiera sea tu religión: católica, evangelista, judía, budista). Ellos de grandes elegirán, pero habrán crecido en la seguridad de que caminan con Dios y que la vida es hermosa.

Sin ninguna fe, no sabrán de qué se trata nada. Vivirán en la angustia y la desesperación que tú y yo vemos en los jóvenes de hoy. Son tesoros y es nuestra obligación enseñarles . Cuando crezcan ellos elegirán, cómo caminar, qué carrera seguir, pero vos les habrás mostrado el camino y cubierto sus necesidades primarias; lo mismo sucede con la vida espiritual. Enséñales a tener fe y confianza en Dios luego ellos elegirán también en el caso de la fe . Es la mayor herencia que les puedes dejar.

Esta es la llave de la vida.

Y COMO DIJO EL SEÑOR: “QUIÉN QUIERE OÍR QUE OIGA"

Feliz Navidad.



miércoles, 3 de diciembre de 2025

POESIA NAVIDEÑA PARA TRABAJAR CON LOS NIÑOS EN NAVIDAD





POEMA NAVIDEÑO DE GLORIA FUERTES


Jesús  María y José

estaban junto al pesebre

El Niño tenía frío

María tenía fiebre


Al Niño Jesús bendito le entretiene un angelito

se arremolina la gente 

vienen los reyes de oriente


Se acercan los mensajeros 

El Niño hace pucheros 

No le gusta el oro fino

prefiere pañal de lino



los pastores van en moto

y se arma un alboroto

las ovejas asustadas

corren hacia las majadas


Los pastores dan al Niño

bollos y queso, y cariño

José María y Jesús

nos dan vida y nos dan luz


Esto es algo para que los niños se diviertan pero al mismo tiempo descubran la poesía


JUEGO


¿ Cuáles son los personajes que habla la poesía?

¿ Cómo han llegado los pastores?

¿ Cómo se sienten las ovejas?

¿ Que le llevaron los pastores?

¿ Qué prefiere el Niño?


Luego pueden hacer un dibujo y colorear para guardarlo y adornar en navidad.



CALENDARIO DE ADVIENTO: 24 Días de Construcción de Amor en Familia

 

¡Hola, amigas!

Este año, mi reflexión de Adviento va más allá de lo personal. Deseo con todo mi corazón aportar ideas para  que la luz divina fortalezca y una a cada familia, a niños y jóvenes, En un mundo con tanta violencia, el cambio comienza en casa.

Entonces... ¡Manos a la obra! Te propongo 24 ideas para tu calendario de Adviento que tienen una consigna clara: MENOS CONSUMO, MÁS CORAZÓN ( trabajamos el desarrollo de  valores en  cada acción)

Si ya lo hiciste ¡fantástico! si no lo hiciste ¡estás a tiempo! si tenés tus propias ideas ¡aún más maravilloso! por lo pronto yo te brindo algunas:

* Prepárate: Incorpora a tus Niños (24 Ideas para las Ventanitas del calendario)

Puedes usar tarjetas o dulces, pero lo más simpático es usar "VALES". El texto de cada vale es un secreto en manos de mamá.

*Día 1:La Tarea (El Vale por la Acción) | Valores que Cincelas Colorear y decorar las tarjetitas para cada día del calendario. (Creatividad, Trabajo en equipo)   Día 2 : Cazadores de Materiales: Tarea asignada: Buscar materiales naturales para armar el Pesebre. ( Protagonismo, Conexión con la naturaleza ) 

*Día 3 : ¡Manos a la Obra! Invitación formal a armar el Pesebre en familia. ( Unión, Fe, Tradición) Día 4El Árbol de las Buenas Obras: Poner una ramita en el Pesebre por cada obra buena que realicen. durante los 24 días  (Servicio, Generosidad ) 

*Día 5: Desayuno de Reyes: Cupón por un desayuno delicioso preparado y servido por todos en familia. (Celebración, Cuidado mutuo) *Día 6: Noche de Poesía y Juegos: Vale para una noche de juegos dejo en este mismo blog en otra entrada (buscala) una poesía para trabajar con los peques.

*Día 7: Alegría Cartas con Ilusión: Vale para dedicar una tarde a escribir las cartitas a Papá Noel ¡o a Jesús!.  (Esperanza, Reflexión)  

*Día 8: Cincelando Ternura: una carta amorosa de  mamá (Cuidado, Memoria emocional)

 *Día 9: Somos Escritores: Vale para inventar un cuento navideño con mamá y escribirlo para contarlo el 25.  (Narrativa, Legado ) Día 10: Día de Sorpresas: Un pequeño chocolate o una dulzura inesperada.  (Gratificación, Cariño) 

 *Día  11: Regalos de Corazón: Vale para preparar regalos (tarjetitas o adornos) hechos por los niños para cada miembro de la familia.  (Ofrenda, Sacrificio). Día 12: Tesoro Escondido (Tarea de Mamá): Mamá esconde esos "tesoros" artesanías hechas con amor. (Anticipación)  

*Día 13: Búsqueda del Tesoro: Buscar el regalo sencillo y humilde que mamá escondió para todos. (Aventura, Humildad) Día  14: Noche de Cine en Casa: Noche de palomitas y cine de Navidad en nuestro hogar. (Comodidad, Compartir) 

*Día 15: Decoración a Fondo: Vale para asignar tareas específicas para la decoración del hogar.  (Responsabilidad, Estética) Día 16: Manos en la Masa: Vale por una tarde de repostería con mamá (elegir la fecha). Hacer galletitas de jengibre. (Habilidad, Sabor) 

*Día 17: ¡A Crear Adornos Nuevos! Hacer adornos reciclados o tarjetas con purpurina y pegatinas.  (Reciclaje, Manualidades) Día 18: Día de la Gratitud: Una tarjeta pidiendo a cada uno que escriba 3 cosas por las que está agradecido. (Reconocimiento, Optimismo) 

*Día 19:  Una golosina: Pequeño placer del día de hoy. (Disfrute)Día 20  Día de la Buena Acción (Donación): Preparar cosas que ya no usen y quieran donar  a una parroquia o niños necesitados.  (Caridad, Desapego) 

*Día 21:  Acampada y Villancicos: Acampada en casa (tienda o sábanas) con karaoke de villancicos.  (Diversión, Tradición) Día 22: Paseo de Luces: Invitación a visitar las vidrieras adornadas o los árboles de la ciudad.  (Belleza, Contemplación)

*Día  23: La Oración del Corazón: Una oración cortita para que cada uno pida lo que quiera o necesite., NO EL REGALO algo que salga de cada corazón  (Espiritualidad, Unión con Dios) 

* Día 24: El Acto de Amor Silencioso: Ayudar a mamá y papá sin que lo pidan (la prueba de amor más grande). (Servicio, Madurez)

II. Reflexión Final: El Legado

La mayor herencia que puedes dejar a tus hijos son los valores : amor a la familia y unión familiar y formar futuros adultos fuertes en la fe para afrontar la vida. Felices, empáticos y fuertes.

Para lograrlo, hay que construir, y la lucha comienza en el seno familiar. Dales ¡protagonismo! en la cocina, en las tareas, en el armado familiar. Enseña a tus hijos a no depender del consumismo y a descubrir que se pueden hacer cosas maravillosas con las manos y con frutos de la naturaleza, fomentan la responsabilidad y el amor a la unión familiar …y mucho más

¡Que la luz de este Adviento te siga  iluminando para construir tu hogar!


La Cueva franciscana: El detrás de escena de "Locura franciscana"

  Hola, amigos lectores: Hace unos días compartí con ustedes "Locura franciscana" y todavía tengo el corazón latiendo fuerte por l...