lunes, 20 de julio de 2026

Café literario





 ¡Hola a todos! Bienvenidos al Café Literario “Bécquer” de nuestro blog, que hoy con muchísima emoción abre sus puertas.

Pónganse cómodos, armen el mate o preparen el café, que hoy inauguramos este rincón para charlar sin apuros...

¿Por qué elegí ese nombre? Les cuento. Yo tendría aproximadamente 9 o 10 años cuando, durante unas vacaciones en casa de familiares, me encerraron en un cuarto de máquinas para impedir que siguiera haciendo travesuras. Allí solo había oscuridad y un silencio interrumpido de tanto en tanto por el motor de los ascensores. Ese cuarto funcionaba también como archivo general, así que me dediqué a revisar todo lo que encontraba para transformarlo en diversión. Así fue como encontré un viejo y gordo libro de poesías. Lo limpié y me senté a leer.

Al llegar a las páginas de Gustavo Adolfo Bécquer y leer aquello de “Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”, sentí un sacudón, un maremoto en mi interior, dos fuertes portazos en mi alma al abrirse... o todo eso junto. Y años más tarde volqué aquello que me produjo, esa  vivencia en la siguiente poesía que hoy les comparto:

¿Sabes… Bécquer?

Qué pena, Bécquer, no haberte conocido

y así dejar a mi pequeña alma navegar contigo

por el océano inmenso del delirio.

¿Sabes, Bécquer? ¿Sabes qué te hubiera dado?

Mi cautiva fantasía tuya hubiera sido,

que, atormentada en lo profundo de mi alma,

golpea y golpea sin encontrar salida.

Cuando te leo, siento tu angustia en mi sangre;

separo mi alma del cuerpo

y vuelo en el espacio buscando tu esencia.

Y te encuentro, poeta, allá lejos, muy lejos...

en un mundo etéreo, sin hadas, sin duendes,

sin hipocresía. 

en el reino del amor.

Allí, hay niños descalzos, de caras morenas,

con manos muy sucias y ojos muy puros,

con perros enfermos son seres que claman

un poco de amor.

Entonces juntos, Bécquer, a los niños lavamos

y en rosas transformamos sus sucias mejillas;

con tiernas caricias al perro sanamos sus mortales llagas

y el hambre saciamos de los indefensos.

Luego los dejamos en un mundo nuevo

y seguimos buscando más luz.

Y allá, muy arriba, donde el brillo enceguece

y la música embriaga,

allí, alfombras de rosas doradas indican un paso prohibido...

Y tú, poeta, entonces me dejas

y penetras en él.

 Anita

…Así fue como esas ocho palabras de Bécquer,  produjeron en mí lo que solo puedo describir como el despertar de mi alma. Me di cuenta que  aun en un cuarto oscuro, podría encontrar en un libro, mundos enteros, sabiduría y más tarde crear  mis propios personajes: fue como estar en una sala de partos y dar a luz a mi propia voz. A partir de allí, Bécquer se convirtió para mí en un espejo. Miro en él buscando su alma, y esa inspiración que me produce está presente en casi todas mis obras.

Hoy les pregunto a ustedes, queridos amigos: ¿Tuvieron alguna vez una lectura, un paisaje o una experiencia con la naturaleza que les haya hecho dar ese "sacudón" en el alma y los haya elevado a otro mundo? ¿Tienen algún autor o libro que sea su espejo?

Este espacio se enriquece si recibe con amor sus valiosos comentarios. ¡Los leo con el café en la mano!


1 comentario:

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