viernes, 26 de junio de 2026

VENEZUELA

 



VENEZUELA

Es de público conocimiento lo acontecido en Venezuela: el gran terremoto que, hasta ahora, cuenta con más de 900 muertos, miles de desaparecidos, heridos y pueblos totalmente destruidos.

Veo todos los noticieros porque, como miembro del linaje humano, me duele el sufrimiento ajeno. No soy ni quiero ser indiferente. En esta oportunidad, escuchar los testimonios me hizo llorar; y no solo a mí, sino a los mismos periodistas que los transmitían, quienes se quedaban en silencio, conmovidos, sin poder terminar la noticia.

No pude hacer más que escuchar y leer, y en medio del horror me estremeció la maravilla del ser humano desplegada en estos casos. Son destellos de luz en la oscuridad:

El joven y la abuela: Un muchacho que cuidaba a una anciana relató que, al vivirse los primeros temblores, esperó llorando y gritando junto a ella. Pero cuando la tierra se calmó, la pasó rápidamente a una silla de ruedas y le dijo: «O nos salvamos los dos, o morimos los dos». Tras la odisea de bajar los pisos en medio del caos, donde nadie les abría paso porque todos estaban en la misma situación de pánico, logró salvarse y salvarla a ella.

El último pacto de amor: La desgarradora carta de despedida de un jugador de fútbol, agradeciendo a su esposa. Cuando ocurrió el desastre, ella cubrió con su propio cuerpo a su bebita; logró salvar la vida de la pequeña, pero ella murió en el intento. Esto no solo nos quiebra el alma, sino que eleva al ser humano al sueño de Dios: que prevalezca el amor.

Los rescatistas: Hombres y mujeres jugándose la vida en cada escombro, ingresando sin garantías de salir vivos debido a las continuas y peligrosas réplicas.

Los ángeles de cuatro patas: El valor y la tremenda colaboración de los perritos rescatistas. En medio de ese infierno, los equipos no dudaron en salvar a cualquier criatura que encontraran con vida —perros, gatitos—, arriesgando su propia piel por ellos.

La dignidad del dolor: El llanto sin sonido y sin lágrimas de las personas sobrevivientes que, heridas y recostadas en la calle, contemplaban en silencio la muerte de su familia, de su casa y de sus sueños.

La mano extendida: La respuesta inmediata de la comunidad mundial, enviando ayuda humanitaria sin mirar fronteras.

Todo esto, queridos hermanos, me lleva a tomar conciencia de la grandeza del ser humano cuando se produce el estallido del amor.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

La charla del atardecer

Escucha la música aquí y que disfrutes esta historia. Clic aquí ¡Hola, queridos amigos, aquí les comparto un cuento mío sobre el ocaso! Me s...