lunes, 8 de diciembre de 2025

REFLEXIÓN: LA LLAVE DE LA VIDA

 

I. El Miedo que Gritaba en Nazaret

En cada Adviento todo se detiene para mí. No puedo evitar ignorar este suceso. Me sumerjo en la vida de José y María en aquellos días y me pongo en su piel.

Los gritos en Nazaret los escucha mi alma: "lapidación, lapidación". Sentían miedo. La condena que regía para los casos de adulterio era la lapidación, y el pueblo corría a asegurarse de tener suficientes piedras. Más allá de castigar, creían que con cada piedra purificaban la comunidad.

María estaba absorta en la Anunciación. José, un hombre justo según el Evangelio (lo que significaba llevar la ley judía casi a la perfección), ya la repudia

 sin odiarla. Sus padres no podían creer que María hubiera cometido algo tan condenable.

Pese a la soledad y la muerte inminente, la firmeza y la valentía de María se concentraban en su confianza en Dios. José, buscando salvarla de la muerte, decidió repudiarla en secreto.

II. El Viaje: La Fe como Única Arma

Una vez que José recibió en sueños la noticia del milagro, bendijeron esa situación y prepararon su viaje obligatorio a Belén por el censo.

María, embarazada y próxima a dar a luz, montada en un burrito; José, a pie. Se formaron las caravanas de entonces. ¿Cuánto tardaban? Con suerte, siete días. Debían recorrer entre 120 a 160 km.

La ruta estaba cuajada de peligros: salteadores, serpientes, chacales y otros animales. El frío era severo en las montañas y el calor en las llanuras. A esto se sumaba el terror de los controles romanos: burlescos, autoritarios y peligrosos. Además, ya se rumoreaba que el rey temía la aparición de otro rey.

Ellos iban con apenas lo necesario, poco dinero para los impuestos y sin armas. ¿Entonces, qué llevaban? Su confianza en Dios.

III. La Llave de la Vida para Nuestros Tesoros

Esto me parece impresionante, más en estos momentos que atraviesa el mundo. La mayoría de las personas se sienten omnipotentes e ignoran a Dios. Y lo que es peor: educan a sus hijos sin fe, con la idea de que respetan su derecho de elegir su credo al ser mayores.

¡Qué ironía! Les enseñan a caminar, a comer, los obligan a educarse, a practicar deportes... pero en cuanto a tener fe, no es "cuestión de los padres". Y largan a sus tesoros a caminar entre los peligros de la vida sin fe en nada.

¿Saben lo que es vivir en esa angustia y desesperación.? María y José atravesaron terribles peligros solo confiando en que no caminaban solos.

Entonces, mi pensamiento es este:

Educa a tus hijos en la fe en Dios (cualquiera sea tu religión: católica, evangelista, judía, budista). Ellos de grandes elegirán, pero habrán crecido en la seguridad de que caminan con Dios y que la vida es hermosa.

Sin ninguna fe, no sabrán de qué se trata nada. Vivirán en la angustia y la desesperación que tú y yo vemos en los jóvenes de hoy. Son tesoros y es nuestra obligación enseñarles . Cuando crezcan ellos elegirán, cómo caminar, qué carrera seguir, pero vos les habrás mostrado el camino y cubierto sus necesidades primarias; lo mismo sucede con la vida espiritual. Enséñales a tener fe y confianza en Dios luego ellos elegirán también en el caso de la fe . Es la mayor herencia que les puedes dejar.

Esta es la llave de la vida.

Y COMO DIJO EL SEÑOR: “QUIÉN QUIERE OÍR QUE OIGA"

Feliz Navidad.



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