jueves, 24 de septiembre de 2026

La charla del atardecer




¡Hola, queridos amigos, aquí les comparto un cuento mío sobre el ocaso!

Me saqué los lentes  até mi  cabello  y fui a la cocina. Tomé un buen vaso de agua y salí al patio; inspiré largo y expiré, y lo repetí tres veces. Luego fui a mi rincón: una especie de oratorio que me había construido con un banco de plaza bajo un árbol de paltas. Allí oraba, lloraba, soñaba y, muchas veces, dormía una siesta.

Esa tarde algo no andaba bien en mí. No lo podía descubrir; iba de aquí para allá, nada me entretenía, empezaba algo y lo dejaba. Mi inesperada inquietud me perturbaba, pero ¿qué la producía? Durante varios días había escrito durante muchas horas y me costaba dejar el teclado; no, no era fastidio ni tampoco cansancio. Me relajé y esperé inquieta, tratando de serenarme, y cerré los ojos para descansar la vista.

Estábamos en otoño y los árboles renovaban sus hojas. La caricia de una brisa me anticipó una visita: una hoja que caía se pegó en el dorso de mi mano derecha y se quedó ahí. La miré y, con sumo cuidado, la tomé y traté de depositarla en el suelo. 

—¡No, por Dios, no hagas eso! —me dijo. 

—Hola, ¿no? Deberíamos presentarnos… no sé tu nombre. 

—¡Ay! De vos no tolero la hipocresía, Camila. Sabés muy bien que no tengo nombre. Solo una reverenda loca como vos me hubiera bautizado, pero no sucedió. 

—Tengo tiempo y estoy un poco desconectada de todo. ¿Querés que te bautice ahora? 

—No finjas ser hipócrita, que no te queda bien.

 —No te hablo disfrazada de ilusa, hojita. Ustedes me conocen bien: si digo que te puedo bautizar, ¡te puedo bautizar! ¡Y sería un placer hacerlo! ¡Y no me hagas enojar! Si querés un nombre, ¡acá estoy! Si estás más desconectada que yo, sentate en este banco conmigo y entonces, ¡hablemos! 

—Bueno, no te enojes. Podés llamarme Agonía. 

—¡Ah!, ya veo, estás peor que yo, hermanita. ¿Cómo te voy a llamar así? No juegues, que hoy no tengo un buen día. Si me lo permitís, te voy a llamar Esperanza. 

—¿Justo ese nombre ahora que estoy por morir? 

—¡Ay, no, Esperancita! No me digas eso. ¿Y por qué lo decís? ¿Porque te desprendiste del árbol? 

—¿Y qué te sugiere eso, Camila? ¿Acaso no voy a morir si caigo al piso? Contame… ¿me puedo sentar con vos? 

—Sí, dale, Esperanza, soy toda oídos. 

—¡Dale  con Esperanza! No me hagas llorar de nuevo, por favor. 

—Bueno, entonces vamos a elegir un buen nombre. Vení más cerca, para que no te lleve el siempre indiscreto viento. A ver, te voy a poner Abigail, ¿te gusta?

 —Medio… me suena lejano. 

—¿Y Alegra? 

—Muy de pendejita. 

—¿Aurora? 

—Ese puede andar mejor… pero mejor llamame Ocaso. 

—¡No seas depre! Te llamaré Aurora y se acabó la discusión. 

—Camila, primero contame: ¿qué te pasa a vos? 

—Aurora… estoy grande. 

—¿Como vieja? 

—No me digas eso, porque justo esa es la realidad que me cuesta aceptar: estoy grande. 

—Sí, estás vieja, seguí. 

—Y noto que mi familia despacito se va alejando; no por malos, sino porque tienen su propia vida, y lo mismo pasa con mis amigos. 

—A mí me pasa algo peor, hermana: me han aplicado la eutanasia, me cortaron de golpe del árbol. 

—No, Aurora, es natural que caigas, no pienses así que te lastimás.

 —No, amiga, pasan los jardineros y nos arrancan. 

—¡Pero si acá no hay jardineros, Aurora! Tampoco yo arranco las hojas, ¡les dejo su normal desarrollo! ¿Qué decís? 

—Que vino una visita a tu casa, un hombre a arreglar unos cables y, de pura maldad, me arrancó; y no solo a mí. ¿No sentiste nuestros gritos? 

—No, hermanita, no las escuché. Cuánto lo siento, no sé qué decirte.

 —¿Por qué hace eso la gente de arrancar flores y hojas porque sí? Yo entiendo que ya estaba por caer, pero a muchas vecinas mías ese tipo las arrancó aún estando en sus más brillantes verdes. Lo peor es que en el árbol ya no me querían porque le tenía que dejar lugar a las jóvenes. Y el que te dije… 

—¿Quién? 

—El viento. Se confabula y sopla, ¡y caemos todas porque ya estamos feas, viejas, descoloridas, arrugadas y secas! Para mí que pagan coimas para ascender rápido —y se largó a llorar.

—No llores así, Aurora, ¡no estás descolorida! ¡Mirate! Cobre, oro, rojo, beige, café… mirá la hermosa hoja en que te has convertido —por primera vez pude descubrir sus ojitos revoloteando—. Y dejame decirte que entre ustedes no existe la coima; me hiciste reír. 

—Es verdad, pero yo me refería al tipo. Él sí es coimero: busca que lo asciendan en su trabajo como los políticos —la escuché pero no le contesté, porque había dicho la verdad. 

—Distinto es mi caso, Aurora; no tengo nada de linda ni de colores, solo soy un cuerpo viejo. 

—No es así, y no pienses que te adulo, pero nosotras vemos tu belleza. .. bueno hacemos un esfuerzo por ver algo de belleza en vos, te lo digo sin piedad.

—¿Y qué encuentran? estoy al borde de revolearte.

—Este…bueno, tus arrugas hablan de sabiduría, la empatía de ustedes los ancianos es fabulosa

—No te creas, somos medio salvajes

—No es así el abuelazgo los hace celestiales

—¿Y la soledad a la que inevitablemente vamos?

—Está en cada uno de ustedes elegir si esa soledad será un triste aislamiento o un lugar de recogimiento donde como el Aleph, puedan ver la vida entera ¿No es maravilloso?

— Ahora la hipócrita sos vos. ¿Me miraste bien? A vos la vida te hizo mucho más hermosa ahora que cuando estabas en el árbol vestida de verde. 

—No sigas quejándote, ¡che! al final hablé como poeta haciendo un enorme esfuerzo ¿y seguís con las pálidas? 

—Aurora veo a muchas mujeres hermosas jóvenes  disfrutando de la juventud

—Sos desagradecida Camila, decime ¿y por qué no aprovechás esa mazmorra sagrada para descubrir tu Aleph? ¿Esas señoras que nos pisan por las calles, a ellas te referís? ¿Esas que hablan como los dioses, pero no quieren ver hojas secas, ni tampoco las flores en las plantas, sino que las cortan y adornan sus hogares? Dicen amar a los animales, pero pisan los caracoles, los gusanos, las hormigas y a todo hermano que no les gusta. No, Camila, no te confundas: nosotros elegimos la sabiduría de ustedes los an…digo los adultitos. (iba a decir ancianos y seguro me revoleabas, ja,ja,ja)

—¿Así, como yo,  medio loca? 

—Sí, es cierto; y no medio, sino del todo, ¡ja, ja, ja! 

—¡Ay!, Aurora, se te va la lengua, ¡bruja! Pero todo lo que ven en la sabiduría de los ancianos y que les puede parecer bueno, es un regalo. 

—¿Cómo es eso? 

—Todo lo bueno, es decir, todo bien, procede del Bien Total.

 —¿De Dios? 

—¡Exacto, hermana! Solo mi pecado es mío. 

—¿Así que pecás, picarona? 

—Aurora, nadie puede tirar la primera piedra —noté que cerró los ojos y vi languidecer sus colores—Camilita, hoy muero.

 —¿Quién te dijo eso? 

—¿No me ves al borde de ir a la tumba, che? ¿Acaso no te das cuenta de que si caigo al piso me aplastan? —casi me gritó. 

—¿Y quién te dijo que te vas a caer? Te pienso llevar a adornar mis libros y a tenerte ahí, recordando esta charla cuando me venga a buscar la muerte. 

—¡Ay, qué ánimo nos damos, flaca! Pero me gusta mucho eso de adornar tus libros y así entraré en la eternidad, ¿vos creés? 

—En la eternidad ya estás desde que te desprendiste del árbol, Aurorita. 

—¿Qué? ¿Ya estoy muerta entonces? 

—Estás en otra vida. Si estuvieras muerta, ¿hablarías conmigo? 

—No te  entiendo, pero me hace bien todo lo que me decís. ¿Y vos ya estás muerta? 

—No, Aurora, estoy en el ocaso. Ya no sirvo para nada, pronto muero, brujita. 

—Entonces, vos también entraste en la eternidad. 

—¿Cómo? 

Ya estás en otra vida, ¿no te das cuenta? Ya fuiste arrancada lentamente de tu familia, de tus amigos,  ahora podés hablar del cielo. Ustedes, Camila,  pueden vivir algo único. Escuchá, amiga:  que tus acciones, como cuidar a los tuyos, orar, atender la tierra con amor, pintar tu vida con matices que solo nosotros vemos, sea el disfrute de toda una vida plasmada en esa nueva  realidad, como un libro abierto.

—Me dejás helada..Vení, Aurora, apoyate en mi mano, transmitime tu energía celestial y disfrutemos las dos de esta revelación que hoy se nos ha dado.

Y con Aurora apoyada en mi mano, justo sobre mi corazón, miré el atardecer, que parecía sumarse a nuestra charla; hasta imaginé sus lagrimitas, ya que él representa el ocaso. Al sentir su pena, le dije: 

—No te aflijas, amigo. ¿Acaso es más bella la aurora que el ocaso? En tal caso, los dos son los encargados, con sus luces y coloridos rayos, de despertarnos para ver un cielo de colores y de dormirnos llevando tus tonos pasteles en nuestras retinas. Así es, amigo: nos despiertan y nos envían a descansar.

Me recosté en el viejo banco y me dormí.

***

Les pregunto, cuando miran el cielo ¿Quién es más bello para ustedes, el amanecer o el atardecer? Pierdan un tiempo para observarlos detenidamente y anoten todo lo que vean y sientan  y descubrirán una bellísima sorpresa que nos regala la naturaleza

¡Hasta la próxima!

lunes, 21 de septiembre de 2026

"Puentes de palabras / Words bridges / Pontes de palavras"

 "Escucha la música que acompaña esta entrada en spotify,haciendo clic aquí"



Porque las historias viajan sin pasaporte y a veces los afectos y las letras necesitan otros idiomas para decir lo mismo. Comparto por acá un poquito de mi camino y de mi voz en castellano, inglés y portugués, para los lectores de cualquier rincón del mundo que se acerquen a estos mundos de realismo mágico.

En español

¿Buscas una mirada nueva para tus propias heridas?
Mi nombre es Ana María Pereyra y mi pluma nace de la estructura del Derecho y la profundidad de la espiritualidad Franciscana, pero se viste con los colores del Realismo Mágico. En mis historias, la naturaleza cobra vida y lo extraordinario sucede en el rincón más sencillo del balcón.

A través de mi Ficción de Sanación, te invitamos a transitar el drama romántico y las crisis humanas con una promesa: el humor, como el sol, aparecerá siempre, incluso detrás de las nubes más oscuras. Aquí no encontrarás solo consuelo, sino la fuerza para cambiar tus lentes y descubrir ese rayito de luz que siempre se filtra.

Mis heroínas son como vos: caen y sangran, pero deciden volar alto. Si sentiste que tu corazón necesita resurgir, en mis libros encontrarás el latido necesario para reconstruir tu paz con fe y una sonrisa.
Entrá en mis historias y permitite ver el mundo con otros ojos, los tuyos. La magia y la fe son los motores de tu propia reconstrucción

En inglés
Are you looking for a fresh perspective on your own wounds? My name is Ana María Pereyra, and my pen is born from the structure of Law and the depth of Franciscan spirituality, yet dressed in the colors of Magical Realism. In my stories, nature comes to life, and the extraordinary happens in the simplest corner of the balcony. Through my Healing Fiction, I invite you to journey through romantic drama and human crises with a promise: humor, like the sun, will always appear, even behind the darkest clouds. Here you will find not only comfort, but the strength to change your lenses and discover that ray of light that always filters through. My heroines are just like you: they fall and bleed, but they choose to fly high. If you feel your heart needs to resurrect, in my books you will find the necessary heartbeat to rebuild your peace with faith and a smile. Step into my stories and allow yourself to see the world through different eyes—your own. Magic and faith are the engines of your own reconstruction."

En portugués
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"¿Procuras um olhar novo para as tuas próprias feridas?
O mi nombre es Ana María Pereyra ea minha pena nasce da estrutura do Direito e da profundidade da espiritualidade Franciscana, mas veste-se com as cores do Realismo Mágico. Nas minhas histórias, una naturaleza ganada vida eo extraordinaria acontece no canto mais simples da varanda.
Através da minha Ficção de Cura, convido-te a transitar pelo drama romântico e pelas crisis humanas com uma promessa: o humor, como o sol, aparecerá sempre, mesmo por trás das nuvens mais escuras. Aquí no encontrarás apenas consolo, más a fuerza para mudar tus lentes y descubrir ese rayo de luz que se filtra siempre.
As minhas heros são como tu: caem e sangram, mas decidem voar alto. Si sientes que tu corazón necesita resurgir, nuestros libros encontrarán el batimento necesario para reconstruir tu paz con fe y un sueño.
Entra nas minhas histórias e permite-te ver el mundo con otros ojos, os teus. A magia ea fé são os motores da tua propia reconstrucción."

***
¡Hasta la próxima!

viernes, 18 de septiembre de 2026

Una primavera insistente


Escucha la música aquí:



¡Hola queridos amigos! Hoy les quiero regalar un cuentito mío que forma parte de una colección de cuentos, cuento al que titulé :

PRIMAVERA

Mi paseo matutino en soledad.

Como todos los días, salí a cumplir con mi caminata, pero era una fecha especial: 21 de septiembre. Esta vez no iba sola; me envolvía esa presencia que siente la naturaleza y que también percibimos nosotros, o por lo menos yo. Me dediqué a contemplar el lenguaje del mundo a través de sus representantes.

A mi costado marchaba serenamente una paloma de color gris plomo, bastante estropeada. La miré, detuve mi marcha y ella también se paró. Le pregunté: —¡Hola! ¿De dónde saliste? Ella me enfrentó con su cuerpito, pero miró hacia otro lado. —Ah, ¿querés que nos concentremos en el paseo y yo cierre el pico, no? Así será, su señoría.

Luego de ese instante retomé la marcha y la paloma continuó a mi lado. No me quedó otra opción que sonreír al ver cómo casi imitaba mis pasos con un andar muy rítmico. Envidiaba esa serenidad y la firmeza que mostraba en cada avance; su compañía me hizo mucho bien. Su caminar era más perfecto que el mío: cada paso medía igual, sonaba igual y marcaba una cadencia exacta. Ya estaba recibiendo las primeras lecciones y ella me transmitía la siguiente enseñanza: —Sin prisa, hermana; pensá en cada paso que vas a dar. 

La miré y me miró. Sin decirnos nada, comprendió mi mensaje y me contestó con su arrullo. Seguimos caminando, cada vez más unidas y compinches.

Cada árbol, cada jardín y cada simple yuyito me hablaban con su clásico lenguaje sin palabras, el único otro idioma que aprendí en mi vida: el espiritual. Ese día hablaban más que nunca. Había hecho muchos ejercicios de contemplación en la escuela franciscana, pero ahora los realizaba por puro placer. Tal ejercicio consiste en no pensar, solo en contemplar, y aseguro que todos los elementos se atropellaban para contarme la explosión que estaba sucediendo bajo la tierra.

Como todo ser humano, cargo con mi mochila de aciertos, desaciertos, penas y alegrías, con la balanza siempre inclinada negativamente. Pero hoy la naturaleza me hablaba a través de su más viva representación: las plantas, los árboles, los pájaros. Hasta parecía que algo en mi interior bullía, como una cálida oleada que se instalaba en mi rostro y se expresaba en una sonrisa. ¿Sería la presencia de la felicidad? Estoy segura de que a ellos les pasaba lo mismo. Energía primaveral: eso era lo que sentíamos. Nuestro ser era invadido por esa nueva estación. Rumiando todo esto, me dejaba envolver por ese estado dichoso.

En mi kilómetro rutinario solo escuchaba la misma e insistente invitación en cada hoja verde, en cada flor o en cada árbol; pero las aves me lo gritaban: «Renacé otra vez, florecé, hermana. Miranos a nosotras: soportamos fríos y granizos, por momentos creíamos morir, y acá nos tenés junto a vos. Acercate, sentí nuestra fragancia, mirá nuestros vestidos nuevos. Vos también podés renacer; ¡vamos, no estás sola, animate! ¡No te quiebres durante las tempestades! ¡Es primavera, hermanita!». Escuchaba todo este discurso con solo mirarlas.

Cada vez que me paraba para admirar un jardín, la paloma también lo hacía. Me escuchaba cuando yo hablaba sola, manifestando mi admiración ante el estallido de las enredaderas, y seguía mis pasos. Ella siempre conversaba con sus arrullos. —Sí, te entiendo, aunque no domino del todo tu idioma, hermanita —le dije, y me reí sola. Los que pasaban a mi lado me saludaban, confundiendo mis risas con un gesto de cortesía, y eso me hacía reír más.

Al mirar un jardín, perdí de vista a mi compañera. La busqué con los ojos y la vi en la vereda de enfrente, escapando de un palomo enamorado. Me causó tanta gracia y a la vez envidia, ¡porque ningún enamorado me corría a mí!

Seguí caminando. Las calles estaban desiertas ya que era la hora de la siesta, y eso me gustó mucho porque nada me distraía de la contemplación. En eso, unos gorriones captaron mi atención. Era una parejita; la gorriona se acercó a mí casi gritando y comprendí que se trataba de un acoso. Entonces le dije al gorrión: —Lo siento, amigo, pero dejá en paz a esta niña. Lo espanté y cada uno se fue por caminos diferentes.

En un jardín quedé varios minutos parada, admirando una azalea blanca que, en su explosión, había borrado de la vista todas sus hojas verdes. La planta parecía un traje de novia. —¡Pero qué belleza! —exclamé. En ese momento, sentí una moto en la vereda, justo detrás mío. 

—Ah, disculpá, chiquito, te estoy obstruyendo el paso. Mirá, hijo, lo que es esa planta —le dije, haciéndome a un costado y sonriendo.

Pero él me agarró fuertemente del brazo y me dijo: —Dame la cartera —Me asusté, pero no lo suficiente. —¡Sí, sí, esperá un minuto! —le dije, pero no me escuchó y comenzó a sacudirme, tratando de arrancármela. —Esperá, chiquito, ¿no ves que se enganchó? No me tironees que me vas a matar.

 Temía que me tirara al piso, siendo que recién había sido operada de cadera. Él no me escuchó y tironeó más. 

—¡Esperá, chiquito! Me vas a matar y no vale la pena que arruines tu vida por mí. Esperá —La cartera no salía; me la había cruzado bajo la blusa y estaba enganchada. 

—¡Por Dios, no me sacudas así! —le grité—. ¡Me vas a tirar y me vas a atropellar con tu moto! ¡No vale la pena, si ya te doy todo! —Me sacudió peor. 

—Bueno, parece que vos querés ir preso de por vida, ¿no? Dejá que desenganche la cartera tranquila; ya la desengancho y te vas, pibe —No sabía cómo calmar sus nervios y ya me veía quebrada en el suelo. 

—Mirá, yo no te conozco, ni vi ni voy a mirar tu cara, pero te cuento algo: ¿sabés qué te pasa el primer día que entrás en la cárcel? —Él me miró y sonrió sarcásticamente, pero no habló. —Te violan y contraés sida, hijo. Para eso no fuiste creado. Dios te ama y sos muy valioso para Él, así que esperá que me desenganche la cartera y te vas. Tranquilizate.

Quedó poco menos que petrificado; detuvo su maltrato y, en ese ínterin, la cartera se soltó. Se la llevó, y yo me salvé de un accidente o quizás de la muerte. Mi blusa quedó rota y mi cuerpo, temblando. A mi lado escuché el arrullo de la paloma. La miré y noté que tenía una alita sangrando.

—¡Peque! ¿Qué te hicieron? —le dije al levantarla.

En eso, dos muchachos se acercaron corriendo y me gritaron: 

—Esa paloma es nuestra, doña; la acabamos de cazar. —¿Para qué la quieren? —Para nada, es nuestro trofeo de caza. —Escuchen, recién me pasó a mí lo mismo que ustedes le hicieron a la paloma, chicos. Tampoco ustedes están a salvo; el maleante anda por acá y se llevó mi cartera con todo. Salvé la vida de milagro —Los chicos se miraron, observaron mi blusa rota y, sin hablarme, se fueron corriendo.

—Vamos a casa, reina, que te curo esa alita, mi vida. La paloma me miró la blusa y así nos contamos lo que habíamos vivido. En casa terminé de curarla y me pagó con un arrullo. Se quedó conmigo. Seguí con mi rutina y no la molesté; ella se durmió en una cajita. Llegó la noche y tampoco se fue; la coloqué en la cocina para evitar que el viento la lastimara aún más y apagué la luz.

Al otro día ya no estaba. Miré por la ventana de mi cocina y la vi con cuatro palomas que me miraban; las comprendí. Rápidamente las obsequié con muchas migas de pan y fui a buscar mi celular para tomarles una foto. Cuando volví al patio, eran más de quince aves y seguían llegando.

Mi compinche se apartó del grupo y voló hacia un macetón de jazmines, obligándome a mirar. Vi que mi jazmín explotaba de pimpollos. Me miró y emitió su clásico arrullo , que me sonó a un claro: ¡Feliz primavera, hermana!



¡Feliz Primavera, hasta la próxima!


viernes, 11 de septiembre de 2026

El día que mis personajes cobraron voz


  
“Una advertencia antes de entrar al jardín: que estos personajes tengan plumas, pico y vivan en las ramas no los vuelve bajitos ni ingenuos. Esto no es literatura infantil; es un viaje profundo, a veces desgarrador y a veces desopilante, sobre cómo sanar el alma humana." 

***

Hoy deseo compartir con ustedes algo muy, pero muy entrañable para mí: presentarles mi primer personaje. Hay mucha magia en él, porque fue en ese preciso instante cuando, sin saberlo, hice del realismo mágico algo inseparable de mí.

Todo comenzó con un hermoso jardín instalado en mi mente. Cerré los ojos y lo vi. Un lugar bellísimo, íntimo y cálido. No había orden, sino macetones con abanicos de colores, arbolitos enanos, enredaderas y llamadores de ángeles escondidos que emitían el sonido celestial que yo quería darle. Había caminitos blancos entre el verde clásico. Un jardín salvaje que sería el refugio de una escritora; lo pensé de manera que ella pasara gran parte de su día en ese pequeño cobertizo donde los orgullosos jazmines y rosas, junto a las tímidas violetas, perfumaban el lugar, para la joven. Almohadones y sillones rústicos aportaban un toque de luz en medio del jardín, y una pérgola cubierta de glicinas cubría el pequeño templo.

Me faltaba algo, un árbol frondoso y lo ubiqué muy cerca del cobertizo, donde Ubaldina pasaría el mayor tiempo del día. En el árbol faltaba un habitante: un pájaro especial. Les cuento que entre mis carpetas tenía el cuento de Oscar Wilde “El ruiseñor y la rosa”, por lo cual desistí de esa idea, pero no del ave ni del árbol. Elegí un olivo y una alondra, y a partir de ahí ya no manejé más el camino del cuento, porque la alondra, empezó a hablar y venía del medioevo con rasgos muy particulares...

Todo fue mágico en este cuento. Como ya les dije, esa avecilla que inspiraba amor se las traía. Apareció entre las ramas, sacó el pecho y me dijo: "Soy alondra, pero bien machito". Me descolocó. Empezó con mil travesuras y descubrí que no estaba solo: una hermosa lechucita, muy escondida entre las hojas del olivo, había venido con él.

Cuando salió Ubaldina —víctima de la depresión y llorando a los gritos—, la alondra la encaró y comenzó con su discurso inaudito y con unos detalles que marcaron su nombre. Habitante  del medioevo, irradiaba firmeza, alegría y humor, pero lo más llamativo, lo que me deslumbró, fue su sabiduría y una ternura disfrazada de risas y chistes.

Recordé entonces a aquel personaje de la Edad Media que reunía todas esas características y fue considerado 'El Loco de Asís'. De ahí que no lo dudé y lo bauticé Loquillo; total, por su pequeño tamaño, no daba para llamarlo simplemente loco.

El cuento había escapado de mi timón y descubrí que la escritora Ubaldina —el personaje central— atravesaba una durísima depresión. Loquillo me ignoró y me demostró que no venía a decorar el jardín ni a emitir su canto: él venía con una misión, junto con la lechucita, a quien le puse de nombre  Lucy. Ya opinaban entre las ramas y me daban la espalda; de ahí en más, no me quedó otra que escribir todo lo que veía.
Loquillo y Lucy —la sabia consejera y custodia del chispeante Loquillo— se hicieron cargo de la depresión de Ubaldina. 

Al idear el escenario, se me ocurrió colocar cerca del sillón de la escritora una bellísima jaula con un canario  al que llamé Tomás. Imaginé que con su canto acompañaría a Ubaldina ¿Qué sucedió? ¡Hablaba en vez de cantar! Y se convirtió en el personaje antagónico de la misión de Loquillo. Para qué les cuento por dónde agarró el cuento: cada máxima que emitía Loquillo era refutada por Tomás el canario. Créanme que fue un duelo humorístico : un fiscal y un defensor. El enojo de Tomás nacía, en realidad, de la tristeza de ver a su ama enferma; eso también lo descubrió Loquillo.

En fin, la naturaleza frente al dolor humano y su sanación encontró su carril por el realismo mágico. Así nacieron estos personajes que intervinieron en tres —y creo que hasta cuatro— historias; ni les cuento que ya se querían postular para el Óscar.

  Y para que comprueben que la convivencia en este rincón mágico no era sencilla, los invito a espiar este momento imperdible entre el héroe medieval y el galán enjaulado. A continuación les dejo un capítulo de aquel cuento en el que nacieron estos personajes.

CAPÍTULO V

El sendero de la luz

—¡Me dijo pajarraco, Lucy! —dijo Loquillo enojado—.

—No tiene importancia, seguí con tu misión y no te preocupes —contestó Lucy.

—¡Ay, qué antipática resultaste, hermana Ubi! ¡No me llames pajarito ni pajarraco!—dijo Loquillo con las alas en la cintura en actitud confrontativa—. En fin. Mirá, Ubi, serenate, por favor. Te confieso que vine desde muy lejos para hablar con vos. Por ahora no te puedo decir más, pero eso de quedarme callado será imposible ya que a esta hora debería estar cantando y muy fuerte, pero, ¡por suerte zafé gracias a vos! Porque con vos solo debo hablar, esa fue la orden. Si canto me acosan las damas, me confunden con un ruiseñor y me persiguen —dijo cubriéndose el pico con un ala y bajando la cabeza avergonzado.

—¿Qué? No entiendo, ¿qué historia me estás contando? ¿Vos te estás burlando de mí? —preguntó Ubi con los ojos llenos de lágrimas.

—¡No, Ubi! ¡Shh! ¡No hables tan fuerte! ¡Que andan cerca!

—¿Quiénes? —preguntó Ubi—. ¿Acaso estás embrujado y me tocó a mí justamente aguantarte?

—¡Ay, lo que decís! Dejemos eso como si nunca lo hubieras dicho y te lo cuento, Ubi —dijo el ave—. Sucede que por las noches solemos cantar fuertemente, fui trovador durante mucho tiempo, entonces las damas eligen entre nosotros a su pareja, para… para… uf… para…

—¿Para qué? —preguntó Ubi.

—¡Para hacer el amor! —dijo y con las dos alas se cubrió la carita.

—¡Quiero salir otra vez! ¡Tengo ganas de cantar fuerte! —gritaba Tomás desde adentro mientras colocaba rápidamente un moñito en su cuello a modo de corbata y un par de flores de glicina en su cabecita—. ¡Te puedo reemplazar, loco! —gritaba Tomás—. Vos hablá tranquilo con Ubi todo el tiempo que quieras y yo me sacrifico por vos. ¡Ábranme, por favor!, ya estoy listo —corrió la manzanita listo para salir.

Loquillo miró a Tomás y no pudo evitar sonreír. Ubi miró asombrada a Loquillo con ternura y respeto. Además, no entendía nada.

—Mirá, esto es demasiado para mí, pájaro. Presiento que es una burla, y te lo digo  con el mayor de los respetos, ¿tendrías la amabilidad de retirarte y dejarme sola y ya no seguir con historias que realmente no aportan nada a mi dolor?

—¡Sí! ¡Sí! ¡Que se vaya! Yo de paso salgo a cantar bien fuerte y lo reemplazo, Ubi, me interesaría mucho —exclamó Tomás en puntitas de pie sacando su cabecita por entre las rejas lo más que podía.

Lucy dulcemente dijo:

—¡Tomás… es hora de dormir de una buena vez!

Tomás no hizo caso y siguió observando en silencio.

—Mirá, Ubi, yo tengo que hablar con vos. He sido enviado para ayudarte, ¿me escucharías?

—Te escucho —dijo Ubi—. Así terminamos con esto.

—Ay, por fin entendiste. ¡Sos dura, hija! Bueno, no perdamos más el tiempo —dijo Loquillo—. Vos enfocate en esto, Ubi, si te fastidia paramos. Mirá la luna y decime sin pensar en nada, solamente decime, ¿qué ves?

—Que su luz apunta a mi corazón como un reflector —dijo Ubi.

—Seguí mirando y, ¡dejá de llorar! Vas a inundar el jardín y no me puedo mojar las alas, tengo un viaje largo. ¡Dejá de llorar, por favor! Mirá ahora.

La joven se relajó y obedeció, quizás desesperada por hallar consuelo hizo todo lo que el ave le indicaba.

Vio que la luz de la luna se instaló en su pecho y se formó con el destello de sus rayos, más la súbita presencia de miles de luciérnagas que habían aparecido inesperadamente, un sendero iluminado que iba desde el pecho de Ubi hasta la luna.

Del pecho de Ubaldina comenzaron a salir miles de minúsculos trocitos de algo similar a cristales que volaban por el caminito. Eran miles.

—¿Qué es eso, loquito? ¿Mi alma se deshace? —dijo asustada Ubi, cambiando totalmente su actitud de “fastidio” a sorprendida—. ¿Estoy muriendo otra vez? ¿Es mi alma partida? ¿Qué son esos trocitos?

—Eeh… digamos que sí, algo de eso está pasando —dijo el ave desviando la mirada y levantando una de sus patitas fingió que miraba sus uñas.

—¡No! ¡No quiero morir, loquito! ¡Por favor, haz algo! ¡Otra vez a la tumba no! No sé de qué se trata todo esto, si estoy soñando o no, pero me estoy asustando. ¡Por favor, terminemos ya con esto! —gritó Ubi.

—¡Sí! ¡Sí! ¡Terminemos con esto! Pero antes déjenme salir para cantar fuerte, a ver si soy afortunado en el amor —gritó Tomás—. ¡Oigan! ¡A ver si me escuchan! ¡Quiero cantar! ¡Mis hormonas me lo piden!

—Vos seguí mirando y no me preguntes nada —dijo Loquillo—, porque te confieso que desconozco el final. ¡No sé cuál es el plan de Dios! —dijo e hizo un ademán levantando sus alitas con el gesto para decir: no sé.

Loquillo volvió a dirigirse a Ubaldina:

—Es cuestión de confianza, Ubi. Confiá en Dios, Él es insólito, no lo vas a entender sin amarlo, pero confiá y esperá porque el final se nos va a revelar en segundos.



sábado, 5 de septiembre de 2026

RINCÓN DE LETRAS

 ¡Bienvenidos, amigos! 

Hoy quiero abrirles las puertas de mi pequeña librería personal. Es el refugio donde viven mis sueños convertidos en historias y donde respiran mis personajes.



"Testimonio" - Autobiográfico .

Esa foto, la sacó mi nieta el día que recibí una caja, cuando  la abrí ¿Qué encontré? traía mi libro impreso. Les cuento: este libro nació de golpe, en secreto, hasta que mi nieta descubrió los borradores,  al verlos me dijo con firmeza: "Abuela esto tiene que ser un libro", y así cobró vida. Cada una de estas páginas lleva un trozo de mi alma, y hoy me alegra inmensamente poder compartirlas con ustedes. 

(En venta solo en Argentina , si querés conseguir este libro,  en este único caso podés solicitármelo directamente a mí. El pago se realiza mediante  transferencia bancaria y, al recibir el comprobante, coordinamos para que pidas y envíes el remís para retirarlo.

Tapa blanda (libro impreso). Valor
 20 000$

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"Las tormentas del amor"- Novela romántica contemporánea con toques de realismo mágico

El coraje del   amor de una pareja que resiste  ante la tempestad.


Esta fue la primera novela  y el primer libro que escribí, después de Testimonio. Me emociono mucho al recordarla porque fue el momento en que me animé a cruzar la orilla hacia la ficción con el alma en la mano.

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*Tapa blanda (libro impreso): https://www.amazon.com/dp/6310048287


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"Berenice"- Cuento de amor medieval / realismo mágico


Un amor platónico en la era medieval, donde la frontera entre el mundo real  y el realismo mágico se desvanece.

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"La casa clausurada"- Cuento místico/realismo mágico


Martina pasa unos días de descanso en una zona serrana. Recorriendo el lugar se topa con  una casa con un cartel enigmático que llamará su atención durante todo el tiempo que permanecerá allí. Un extraño personaje con un báculo será quien irá guiando a la joven por senderos ancestrales  donde  el misterio final se desvanece.

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 "Cuentos de los habitantes del silencio"- Cuentos de Sanación y realismo mágico


Un viaje a través de relatos donde lo cotidiano se funde con lo insólito: una joven que defiende la vida marina, la profunda empatía personificada entre  aromas de lavanda, un paseo por la memoria de las estaciones y el espíritu de los animales. Un  recorrido donde la naturaleza y la magia se entrelazan,  e incluso los propios personajes se rebelan desafiando al autor en el silencio de su despacho.

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"El regreso de las almas perdidas"- Cuentos de sanación y realismo mágico


Un refugio donde las almas y los animales cruzan el umbral de lo invisible. A través de tres relatos atravesados por el realismo mágico, la naturaleza y sus criaturas toman la voz principal para sanar heridas, desandar olvidos y devolvernos la fe en lo milagroso.

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"Stefanía en el campo de los locos"- Realismo mágico y ficción social


Entre la lucha social y los latidos de la naturaleza, Stefanía encabeza batallas por sus ideales mientras el mundo se vuelve insólito. Un relato conmovedor donde el río y los animales escuchan el alma, y donde el amor y la locura de la utopía se funden en una sola magia.

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"Donde los remolinos borran las penas"- Cuento místico /realismo mágico


Atrapada en la desesperación tras una secuencia de dramas, la protagonista se encuentra desolada tras descubrir lo más alarmante: ha perdido su fe. Abril viajará a Noruega buscando fundirse con otra furia: la de los remolinos..."

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"No, no está muerto"- Cuento romántico



Emilia afronta la noticia que desintegrará sus  sueños. 

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"Amor en peligro I, II, III y IV": Serie  romántica.

Una simpática y peligrosa historia

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Convertidos en abuelos

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                        1968.                                                                

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Difícil es creer que esta historia termina

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Esta tetralogía relata la intensa historia de dos inocentes locos de amor que eligen habitar el peligro y caminar de la mano enfrentados permanentemente a la muerte. 

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Colección espiritual

"Solidaridad"-Testimonio espiritual

Se trata de un testimonio sobre un camino compartido y la fe  vivida en comunidad.

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"Buscando tesoros ocultos"- Manual de catequesis


Una guía práctica y amorosa pensada para acompañar a los catequistas en la hermosa tarea de sembrar la fe.

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"Las 7 Moradas"- Cuento espiritual

Un relato místico y revelador que invita a recorrer los espacios más profundos del alma hacia el reencuentro interior.

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La charla del atardecer

Escucha la música aquí y que disfrutes esta historia. Clic aquí ¡Hola, queridos amigos, aquí les comparto un cuento mío sobre el ocaso! Me s...